Imagen tomada de la red
Descargué
esta imagen porque me impresionó desde el primer instante. Tal como otrora
(1994) Carl Sagan nos señalara, bajo el título Un punto azul pálido -al
solicitar que la sonda espacial Voyager volteara hacia la Tierra para vernos desde
esa perspectiva… y nos revelara cuán diminutos somos en la vastedad del cosmos,
hoy, con esta imagen tomada desde la nave espacial Orion, de la misión Artemis
II, podemos volver a pensar en casi cualquier cosa vinculada a la tierra y a
sus habitantes, con una perspectiva diferente a la que a diario miramos, y
similar a aquella mirada propuesta por Sagan.
Tanta
postura grandilocuente, tanta importancia que concedemos a algunas cosas o
situaciones, tanta magnificencia de personas o situaciones, que pierden
sentido, con una mirada más distante, reflexiva, cuestionadora, inquisitiva,
meditativa.
Me
pregunto si tantos años luz nos separan de las civilizaciones más próximas, si
tanta distancia no comprensible nos acerca o aleja de vidas inteligentes, ¿Por qué
nos autodestruimos a cada instante?
A
diario noto la irritabilidad generalizada, la violencia que se manifiesta a
cada dos por tres en calles, conversaciones, no importa por donde estemos… ¿Qué
perseguimos en ese afán de mostrarnos más que el otro? ¿Cuánto más somos,
cuánto menos? En total, todos somos menos que nada… Menos que un punto azul
pálido…
Si el
creador, o los creadores, según la creencia de cada cual, nos mira u observa,
asumo que: o se ríe, o se lamenta; porque sin si quiera que intervenga, somos
capaces de autodestruirnos de un modo u otro… Nos decimos inteligentes, pero
tropezamos a diario con manifestaciones que nos hacen dudar de nuestra propia capacidad
como grupo o como civilización, como especie. Claro, se cuentan por miles a
quienes dignificar como claros ejemplos de manifestaciones humanas, por quienes
sentir respeto y orgullo; pero al unísono, vemos manifestaciones en sentido contrario…
Hay
quienes hablan de un despertar de la conciencia, de un despabilarse de la humanidad
y de un crecimiento o apertura a niveles de comprensión mayor, y ojalá tengan razón, porque tal parece
que si seguimos por sendas como las que vemos a diario, no será el rumbo para
encontrar esas posibles visualizaciones de un mundo mejor.
Como
expreso desde el inicio, quizás “todo” depende de una cuestión de perspectiva. Valoras
el aquí y ahora, la circunstancia y lo que tienes o logras, más o menos, según
la perspectiva. El extranjero que viene de una situación socioeconómica
precaria, de un país en llamas, de una sociedad que se desintegra, ve al país que
hoy habita como interesante, como la tierra prometida; pero el que nació aquí,
y no vio otra tierra, desmerece por no poder comparar, lo que lo sustenta, más
allá de los cambios o desajustes que pueda conocer, claro está.
Pero
amén de ello, lo que de igual manera se ve, es esa suerte de antropofagia
quizás no literal, sino más bien metafórica, pero sin dejar de ser esa
connotación de asimilar lo interesante del otro, lo bueno, para concretar un
algo nuevo a partir de ahí, sino en el sentido de destruir al otro, humillarlo,
desintegrarlo.
Quizás,
por ese aislamiento al que sucumbimos al estar insertos en lo banal de la
tecnología, -no en la propuesta más afín al crecimiento personal y comunitario
por el manejo de más y mejores herramientas que ayuden al conocimiento y autorrealización-
sino al más elemental de satisfacción
instantánea, con la imagen deslumbrante que impacta un segundo, para ser
reemplazada, por otra, dos segundos después de la anterior, y así ad infinitum,
es que estemos, en parte, perdiendo la perspectiva necesaria para lograr ese despertar
que algunos pregonan adviene.
En el
entretanto, convoco a la mirada reflexiva, al respirar, a tomar distancia y a
la introspección, para encontrar un sentido, a la carrera en la cual estamos
sumergidos, donde a cada rato se escucha, “cómo se fue volando el tiempo”. La
vida transcurre muy deprisa, o eso parece, entonces, tampoco vale dejar escapar
la oportunidad para leer, pensar, reflexionar, redescubrir, meditar, crecer,
iluminarse.














